
A mi parecer es algo que por mucho que sepamos que es ley de vida, no terminamos de estar preparados para ese momento, aún más cuando se trata de tus padres, hijos y familia más cercana. Incluso amigos que se vuelven familia.
No se si es que nos enfrascamos en la dura idea de no volver a ver, o escuchar a ese ser amado lo que aumenta nuestra angustia, pero ese vacío inunda todo nuestro ser, es un dolor tan fuerte que en muchas ocasiones cuesta respirar.
Un día leí un libro titulado «Usted ya estuvo aquí», en donde la psicóloga y regresionista, Edith Fiore, narra las experiencias obtenidas con varios pacientes, que fueron sometidos a dicho tratamiento en la cura de miedos o fobias, que los paralizaba completamente.
Mediante dichos tratamientos ella, la cual no creía en la reencarnación ( y no digo que así sea, que haya vida después de la muerte ), Expresa que muchos de estos traumas provenían de recuerdos del subconsciente de vidas pasadas.
Por otro lado el medico y psiquiatra Brian Weiss, asegura lo mismo. No es precisamente este tema el que quiero tratar de si hay o no vida más allá de la muerte, o si regresamos nuevamente a este plano. Mi enfoque en este tema es si tuviéramos la esperanza de volver a conectar de alguna manera con las personas que partieron antes que nosotros.
¿Sería menos dolorosa esta despedida?….
Creo que la idea de que nuestros seres queridos deben ser eternos (por decir algo, sabemos que no son eternos y que nunca se van para siempre, mientras permanezcan en nuestros recuerdos ),es lo que nos aumenta el dolor de la despedida.
Hay quien atreve a decir, que sufrimos dependiendo del remordimiento que sintamos por habernos portado mal con estos seres en vida, ¿pero acaso no podemos sufrir igual de intensamente por haberlos amado demasiado?
Sea cuál sea la situación, espero que dentro de nosotros encontremos la fortaleza para continuar y trasmutar este dolor de una manera que nos ayude a convivir con el, y alimentarnos del grato recuerdo de los momentos compartidos para así continuar este camino, hasta que llegue el día que nos despidan a nosotros.
Recordemos que el tiempo no regresa, por lo que debemos esforzarnos por vivir plenamente, disfrutando de lo poco o mucho que tengamos y valorando cada momento. Nunca sabemos cuando será esa última, sonrisa, abrazo o beso…